Presentación- introducción
1). El marxismo..
Hablar del marxismo, de Marx, de Engels, o Lenin, no es hablar a personas objeto de adoración, y creer que sus teorías y opiniones son inapelables y validas al pie de la letra en todo momento y lugar. El marxismo no es un protocolo para la revolución. Eso supondría lo que Lenin llamaba “matar el espíritu de marxismo con la letra del marxismo”.
Marx y Engels, no fueron dioses sino personas, que pudieron elaborar una teoría para la emancipación de los trabajadores y las supresión de todas las clases sociales, porque vivieron en una época y en un lugar en la que existían las condiciones y marco general socio-económico para que se pudiera elaborar una teoría que se ha venido a llamar, socialismo científico, por oposición a otras propuestas de abolición de las clases sociales, que partían de los deseos, del voluntarismo, o que creían que su misión se basaba en predicar y convencer al modo que lo hicieron los apóstoles del cristianismo. Personas que su capacidad e inteligencia seguramente habían existido antes que ellos, y existirán después, e incluso, en la misma época, pero no se daba en contexto social necesario, o no estaban en el lugar, y país adecuado.
Marx, nacido en 1818 era hijo de un abogado judío, que tuvo que convertirse al cristianismo para poder ejercer. Federico Engels, (dos años menor) era hijo de un rico industrial alemán, al que su padre saco de los estudios para ponerlo a trabajar como aprendiz en su empresa, en la perspectiva que siguiera con los negocios familiares. Pero la inquietud de ambos les llevó a investigar por su cuenta en las ciencias, en la historia, en la economía y en general, en el conocimiento de su apoca. Inicialmente ambos eran partidarios del liberalismo y libertades burguesas por oposición al absolutismo monárquico, y solamente el contacto con trabajadores, los diferentes grupos socialistas que pululaban entonces, les hizo cambiar su punto de vista político y social.
En realidad en la formulación del marxismo participaron ambos a partes iguales a través de consultas, debates y cartas permanentes entre ambos. El que se llamara marxismo (incluso en vida de ambos) nunca importó a Engels, que era un hombre de gran modestia. De hecho, de su obra más importante El Capital, Marx solo terminó el primer tomo, los otros dos, lo fueron por Engels en base a notas manuscritas de Marx (muchas veces ilegibles). Era tal la compenetración que habían conseguido entre ellos, que no hay ruptura entre la primera parte y las otras dos de El Capital. Si acaso, la profundidad de los análisis de Marx, eran complementados por la claridad y sencillez de los escritos de Engels. Por eso los dos últimos tomos de El Capital son de más fácil lectura, que el primero. Bakunin, padre del anarquismo claramente definido, que coincidió con ellos en París, reconoce la superioridad intelectual de ambos, pero los critica añadiendo que también eran unos superdotados para “la intriga y la conspiración”.
El marxismo surgió hace más de 175 años, a mediados de 1840. Se estableció por primera vez en Europa, que en aquella época dominaba el mundo económico, político y militar. Marx y Engels nacieron y vivieron en algunos de los lugares europeos más avanzados económicamente. Observaron, participaron y fueron influenciados por los mayores acontecimientos políticos de su tiempo. Dicho esto, con el fin de entender cómo nació el marxismo, primero debemos analizar la Europa de su época y ver los principales factores socioeconómicos de entonces:
1) Para entender el marco social y político existente en el siglo XIX, hay que tener en cuenta que este estuvo influenciado por la primera Revolución Industrial, que duró aproximadamente de 1760 a 1830. La Revolución Industrial es llamada de esa manera debido a la explosiva y revolucionaria aplicación de avances científicos, nuevos inventos y nuevas maquinas a la producción Fueron en estos setenta años cuando el mundo asistió por primera vez a un fenómeno de tal magnitud. Fue en esa época cuando se construyeron y crecieron rápidamente las fábricas modernas, especialmente en Inglaterra. Como consecuencia de ese gran aumento de productos fabricados se llegó la tremenda expansión del mercado mundial, y exportación los bienes manufacturados europeos –pero sobre todo ingleses- a todas partes del globo. Aunque otros países como Francia, Holanda y regiones de Alemania y de los EE.UU. también contaban con sus industrias, este período histórico fue dominado en su mayoría por Inglaterra.
La Revolución Industrial transformó por completo las bases sobre las que se sostenía la sociedad y concedió gran poder a la nueva clase social burguesa. . Esta clase social era económicamente fuerte, pero no tenía el poder político y era considerada como parte del pueblo (tercer estado) Sin embargo, con la revolución Industrial, se aceleraron sus prisas y necesidades de tener el poder político y dotarse de un Estado que hiciera leyes a la medida de sus intereses Las riquezas que acumuló esta nueva clase burguesa le dieron fuerza suficientemente para desafiar el poder de la nobleza que, hasta entonces, aún era la clase políticamente dominante. Pero para eso necesitaban arrastrar detrás de ellos a los millones de campesinos oprimidos y explotados por la nobleza feudal y la Iglesia. De ello que. lo que es considerado la primera revolución burguesa en estado puro (la Revolución Francesa de 1789), se hizo al grito de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”.
2) Antes de la misma revolución industrial ya surgieron revoluciones burguesas encubiertas bajo el manto religioso: la revolución puritana de 1640 en Inglaterra, o las guerras de religión en la Europa continental. Por lo general, donde se impuso en protestantismo existieron mejores condiciones para que la burguesía se pudiera desarrollar. Sin embargo, quien en el ámbito político fue más sonado y dominó toda la escena europea fue la Revolución Francesa de 1789, que no sólo condujo a muchos cambios radicales en Francia, trayendo consigo reformas burguesas, aboliendo el feudalismo, y los privilegios de la antigua nobleza y la Iglesia, sino que, ya fuera porque al paso de los ejércitos franceses, los ideales bajo los que se hizo la Revolución Francesa se difundieron rápidamente, como en Alemania, donde existían ya importantes focos capitalistas, o por simple contaminación del grito libertad igualdad y fraternidad; que fue hecho suyo por intelectuales, sectores medios, y arrastró, inicialmente, a artesanos en vías de proletarización, a campesinos que anhelaban tierra y a muchos de los pobres. El resultado fue que todo el siglo XIX fue el siglo de las revoluciones burguesas.
Por contradictorio que parezca, también hicieras suyos los ideales de la Revolución Francesa parte de quienes con las armas en la mano se enfrentaron a la invasión de los invencibles ejércitos franceses de Napoleón. Así sucedió en España, durante en la Guerra de Independencia de 1808. A pesar de que los revolucionarios liberales no tenían una mayoría clara de diputados en las Cortes, reunidas en Cádiz, (ya que la mayoría eran curas de pueblo), se pudo elaborar una Constitución democrática radical en 1812, Constitución que fue utilizada después como modelo por muchos de los movimientos revolucionarios europeos, incluso por liberales de Rusia, y aplicada transitoriamente en Portugal y partes de Italia. Las constituciones liberales de Latinoamérica, utilizaron la Constitución de Cádiz como base para las suyas propias. Carlos Marx destacó su originalidad, ya que no se limitaba a ser una simple copia de la Revolución Francesa; y en muchos aspectos la superó. Se la llamó “La Pepa”, porque se aprobó el día de San José.
El caso es que las transformaciones, económicas y legales que la Revolución Francesa introdujo fueron tan profundas que cuando Napoleón fue derrotado, ya no se pudo volver hacia atrás; no solo en Francia, sino tampoco en otras partes de Europa. Durante todo el siglo XIX la burguesía completó su triunfo sobre el feudalismo, de forma más o menos violenta, o revolucionaria, e incluso en algunos lugares la nobleza sé adaptó al capitalismo. De esta forma, tanto a nivel económico como político, el período del nacimiento del marxismo fue también el de la victoria para las clases capitalistas liberales, que impusieron sus leyes e ideología en los países más avanzados del mundo. En Japón, el capitalismo fue impulsado por el mismo emperador.
3) A pesar de que este fue un periodo de grandes avances para la burguesía, el factor principal que dio origen al marxismo fue el crecimiento del número de trabajadores asalariados, la aparición de la conciencia de las clases trabajadoras y organizaciones obreras, así como movimientos que marcaron el surgimiento del proletariado como fuerza independiente de los revolucionarios liberales burgueses. Esta emergente conciencia de clase proletaria nació principalmente en Inglaterra y en Francia. Ocurrió primero en estos países debido a la rápida proliferación de la industria moderna. La propagación de la gran industria, a pesar de traer grandes beneficios a las clases poseedoras, también produjo al principio condiciones inhumanas de vida y de trabajo para las clases trabajadoras.
Las primeras protestas obreros contra sus condiciones de vida fueron espontáneas, sin dirección clara. Un ejemplo fueron las destrucciones de las máquinas en 1810, en Inglaterra, donde grupos de tejedores atacaron las fábricas textiles y destruyeron toda máquina en la que pudiesen poner sus manos (movimiento ludista). Pero antes, durante la Revolución Francesa ya surgió un intento de construir una sociedad igualitaria de la mano de Francois Babeuf, que fue guillotinado en 1797.
Lo que siguió a continuación fue el crecimiento del movimiento y organizaciones de trabajadores, y los primeros teóricos del “socialismo utópico” que proporcionaron objetivos sociales al proletariado combativo. Antiguos sindicatos, inicialmente restringidos a los artesanos y trabajadores cualificados, comenzaron en 1818 a unir a todos los trabajadores en lo que eran llamados “sindicatos de oficios en general“. A medida que estos sindicatos fueron creciendo, se pudo crear una unión a escala nacional. Este movimiento se formó alrededor de 1833-34, alcanzando más de 500.000 miembros en Inglaterra. Además de los sindicatos, los trabajadores también comenzaron a organizarse en cooperativas y sociedades mutualistas. Al mismo tiempo que las organizaciones obreras comenzaban a crecer, los trabajadores en Gran Bretaña emprendían el movimiento cartista en 1837, exigiendo derechos electorales para los trabajadores (la democracia que la burguesía instalaba conforme iba derrotando a la aristocracia, permitía el derecho al voto solo al que fuera contribuyente directo, es decir, tuviera un cierto nivel de ingresos) Este fue el primer movimiento revolucionario amplio, verdaderamente masivo y políticamente organizado de la clase obrera. Durante el comienzo de los años cuarenta del siglo XIX, mientras Engels vivía en Manchester, estuvo en estrecho contacto con los líderes revolucionarios cartistas y su periódico “The Northern Star“, siendo profundamente influenciado por el cartismo.
Así, el movimiento obrero creció rápidamente en fuerza e intensidad y llegaron a existir numerosas ideas y teorías que competían por representar los intereses de las clases trabajadoras. El marxismo, formulado en la época de 1840, era sólo una de ellas. Pero era la única que aportaba unas bases científicas, y desarrolló una nueva interpretación de la historia., lo que significaba a fin de cuentas una nueva ideología diferente de la ideología y valores burgueses, en la que permanecían atrapadas las otras teorías socialistas; además de ser profundamente voluntaristas, utópicas e idealistas.

2). Socialismo y comunismo.
Poco a poco el marxismo se fue imponiendo sobre el resto de teorías y propuestas socialistas utópicas. En 1864 se fundó las I internacional de trabajadores. Los documentos fundacionales fueron encargados a Marx y Engels. La I Internacional incorporó a todo el movimiento obreros de la mayoría de Estados europeos, ya fueran anarquistas, marxistas, proudhoninistas, tradeunionistas británicos, blanquistas, y bakuninistas. La I internacional se disolvió en 1872, y oficialmente en 1876. Las principales causas fueron el fracaso de la Comuna de París en 1871 (el primer Estado obrero en la historia, que duró poco más de dos meses), y sobre todo el enfrentamiento entre marxistas y anarquistas bakuninistas. Estos últimos, no eran partidarios de un centro dirigente del movimiento obrero, eran (y siguen siendo) contrarios a la intervención en política, proponiendo en su lugar solo un sindicalismo radical, y a veces el uso del terrorismo individual (según variantes del anarquismo). Los anarquistas bakuninistas no eran partidarios de la primera etapa socialista que proponía Marx porque eso reforzaría el Estado, y mucho menos de la Dictadura democrática del proletariado. Los anarquistas casi desaparecieron y solo mantuvieron su influencia en Italia, España, y Latinoamérica. Federico Engels publicó un folleto llamado “Los bakuninistas en acción” en el que critica la actuación anarquista durante la I República Española, que bajo el pretexto de no intervenir en política, dejaron que la clase obrera fuera la carne de cañón de los partidos burgueses y pequeño-burgueses radicales que la abandonaron cuando el movimiento revolucionario burgués retrocedió. La mayoría de penas de muerte, y encarcelamientos recayeron sobre trabajadores, mientras que los líderes de la burguesía y pequeña-burguesía radical se adaptaron como “oposición respetable” a la reinstauración de la monarquia a finales de 1874.
La Segunda Internacional nació en 1889, pero en esta vez, por lo menos a nivel nominal, se adoptaron las tesis marxistas, y se organizó de forma federal Todos los partidos socialistas europeos, incluido el PSOE participaron en ella. El mayor partido fue el Partido Socialdemócrata Alemán, y el austriaco. Pero ya el contexto mundial era de auge del imperialismo por todo el mundo, el expolio de naciones sometidas, y un avance industrializador y económico importante. Las condiciones de vida de los trabajadores mejoraron en Europa, y poco a poco se fueron ampliando los derechos democráticos. En consecuencia los partidos socialistas y laboristas de los países más adelantados, como Alemania, Austria, Francia, o Reino Unido consiguieron tener numerosos diputados en los parlamentos. De hecho, aunque se proclamaba la necesidad de acabar con el capitalismo, todos los esfuerzos estaban dedicados a conseguir mejoras dentro del capitalismo perdiendo de vista el objetivo de su eliminación. De hecho surgió la primera propuesta revisionista claramente elaborada del marxismo de la mano de Eduard Bernstein, que propugno abiertamente, que siguiendo a Marx, la simple evolución del capitalismo acabaría pacíficamente en el socialismo, sin que los trabajadores se hicieran cargo del Estado. La mayoría de la II internacional rechazó las tesis de Bernstein, pero en la práctica casi todos los partidos socialistas más importantes se dedicaban a lo que Bernstein proponía. El partido socialdemócrata Ruso en su fracción bolchevique dirigida por Lenin, junto con una parte del partido Socialdemócrata Alemán representado por Rosa Luxemburgo, August Babel, y Karl Liebknecht encabezaban el ala izquierda de la II Internacional.
Viendo que el enfrentamiento entre las diferentes potencias imperialistas conducía inexorablemente hacia una guerra mundial por el reparto del mundo, la II internacional hizo una declaración llamando a todos los obreros del mundo a oponerse a una guerra de rapiña. Pero cuando la I Guerra Mundial estalló, casi todos los partidos socialistas se pronunciaron a favor de su país, y sus diputados votaron a favor, de los créditos para la guerra, o se abstuvieron en las votaciones de los presupuestos para la guerra. Naturalmente Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht (August Babel murió un año antes), que eran diputados en el parlamento del Partido Socialdemócrata Alemán, votaron en contra y denunciaron la guerra imperialista. En España, aunque no se entró en la I Guerra Mundial), el PSOE se pronunció a favor de la alianza entre Francia, Reino Unido, Rusia, e Italia, contra el bloque compuesto por Alemania, el Imperio Austrohúngaro, y Turquía. Lenin y los bolcheviques, junto con otras corrientes socialdemócratas de izquierdas europeas, se pronunciaron en contra de la guerra y llamaron a los soldados de todos los bandos a confraternizar y volver las armas contra sus mandos.
Como podremos ver más adelante, las consecuencias de la guerra en Rusia, y una acertada táctica de Lenin permitió que la fracción bolchevique del Partido Socialdemócrata Ruso tomara el poder político en Rusia, con muy pocas muertes, pero la toma del poder fue seguida de una larga guerra provocada por las clases dominantes derrocadas, que junto con todos los Estados capitalistas invadieron Rusia. Los bolcheviques consiguieron vencer a la reacción y a la invasión de países capitalistas, gracias a una férrea aplicación de la dictadura del proletariado. Incluso en guerra, se convocó en Moscú el primer congreso de la III internacional, que se llamó Internacional Comunista, dando paso a la creación de partidos comunistas en todo el mundo a base de escisiones de los partidos socialistas o socialdemócratas y algunos anarquistas
Los partidos socialistas de la II Internacional se entregaron abiertamente a la colaboración con el capitalismo y en años posteriores abandonaron oficialmente el marxismo uno tras otro. El PSOE, no lo hizo hasta 1979. Un caso de abierta de traición a los trabajadores se dio con la fracción mayoritaria del Partido Socialdemócrata Alemán, que después de la Guerra fue encargado de presidir el Gobierno de Alemania por la derecha, la oficialidad, los mismos partidarios del emperador destronado y los empresarios, para impedir o frenar el avance de una revolución, como había sucedido en Rusia. Este partido socialista emprendió una abierta política pro-capitalista, llegando incluso a apoyarse en bandas de extrema derecha de oficiales y soldados sin empleo -que después serian la base del nacional-socialismo- para apagar los focos revolucionarios; como ocurrido en Baviera. Asesinaron a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, cuya fracción del Partido Socialdemócrata (espartaquistas), se había transformado en Partido Comunista Alemán.
3) La importancia de las revoluciones industriales.
Al igual que la primera revolución industrial transformó el mundo y obligó a cambiar la forma en las que las personas producción, distribuían lo producido, y consumían, ahora estamos inmersos en una nueva revolución industrial, científica y técnica. Revolución que empuja para que todo nuestro mundo actual se desmorone. De la dirección que tomara el mundo depende de la intervención política consciente del ser humano; y eso es de lo que trataremos en otras sesiones. “al ser humano se le ha dado la capacidad de transformar el mundo, pero solo, sobre la base de lo previamente existente.
